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martes, 24 de enero de 2017

El sufrimiento me hizo bien


"El sufrimiento me hizo bien, porque me enseñó a prestar atención a tus decretos". Salmos 119:71 (NTV)

El sufrimiento me hizo bien… ¿Cuántos podemos decir lo mismo? ¿Cuántos de nosotros tenemos claro que el sufrimiento es otra de las herramientas que usa Jesús el Carpintero para tallarnos?  ¡Qué aflicción espera a los que discuten con su Creador! ¿Acaso discute la olla de barro con su hacedor? ¿Reprocha el barro al que le da forma diciéndole: “¡Detente, lo estás haciendo mal!”? ¿Exclama la olla: “¡Que torpe eres!”? (Isaías 45:9)

Una de las maneras de decirle a Dios ¿Que torpe eres! Es cuando nos quejamos. Aunque nuestra queja no sea directamente hacia la fuente (Dios), sino hacia aquello que consideramos el medio (entiéndase pastor, líder, amigo, esposo, esposa, hija, hijo, casa, carro); es decir aquello a lo que vemos como el factor problema en medio del proceso, actuamos de forma insensata y rebelde ante el Creador. ¿Acaso no fue lo mismo que hicieron María y Aarón cuando hablaron contra Moisés, responsabilizándolos por los últimos hechos acontecidos? (Léase Nm 11 y 12)

La vida del hombre es un ciclo, siempre actúa de la misma forma. Adán culpó a Eva de su descuido, Eva a la serpiente… La Palabra transformadora de Dios no ha penetrado nuestro corazón, por eso en medio del sufrimiento buscamos un culpable, alguien en quien lanzar nuestra frustración y a la final terminamos llenos de amargura y resentimiento hacia una persona, un objeto o una circunstancia.

Recuerda una cosa: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen[j] para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos” (Rom 8.28). Si hasta ahora te ha tocado pelear solo, es porque el Señor conoce tu nivel de resistencia, (1 Corintios 10.13). Si tus hermanos o amigos te traicionaron fue porque Dios deseaba sacar de ti el orgullo y la soberbia de un José al que Dios llamó con propósito, porque eso dice el Salmo 105.16.17: “Mandó hambre a la tierra de Canaán, y cortó la provisión de alimentos. Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo.” Sus hermanos pensaron que lo vendieron, José pensó que lo habían vendido,  pero SORPRESA: ¡Dios lo envió!!! Cada momento de soledad, hambre, desnudez y enfermedad en tu vida no son para que te llenes de amargura y resentimiento, no son para que te quejes, ni para que pelees con tu Creador, son para que seas agradecido de un Dios que no te dejó ni te dejará nunca! Guarda silencio ante Dios, al final todo será para tu entrenamiento, para que al finalizar el proceso puedas decir como el Salmista: El sufrimiento me hizo bien.


Adilet Fermín
Directora
FUNDAJEZREEL

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